Wednesday, August 16, 2006

TEXTOS
LA PERSISTENCIA DE LA TIERRA.
CLAUDIO HERRERA.
El Inicio.

Desde la experiencia del expresionismo abstracto algo radical ocurre con el acto de pintar. Algo de veras nuevo se construye pictóricamente desde un ejercicio deliberadamente moderno. Un novum que invade y atemoriza al receptor, haciendo de este, un sujeto desconcertado, el cual se enfrenta por vez primera a un sublime informe, abstracto. Una pintura pues, alojada epocalmente en tanto campo de color, y como extensión de un drama del paisaje en la representación de la guerra. Este movimiento pictórico fue un acto de contemporaneidad estética al belicismo atómico, a la destrucción de antiguas ciudades europeas y al conocimiento político del holocausto. Tiempos difíciles, los del expresionismo abstracto. La pintura debe nacer de nuevo. No se puede pintar tal como lo hacían los surrealistas, los expresionistas o los cubistas. El temblor angustiante de lo humano necesita de nuevas ilusiones espaciales, de nuevas masas categoriales en el campo del arte, ¿de una estética del chorreo que evoque asociaciones sublimes? Un nuevo sentido del ritmo y del movimiento de la pintura descentra la configuración de unas estructuras vanguardistas, ¿palidecidas?, ¿deslegitimadas?

La pintura que deviene y tiene arraigo hoy en ese expresionismo abstracto restaura unos efectos vinculados a ese sublime de un “arte elevado”. Puede ser que así sea, no obstante, lo que prevalece hoy no es la desmesura del gesto, ni el automatismo de los impactos pictóricos. Más bien, lo que hoy goza de buena salud formal, es aquella dimensión pictórica que nos ofrece una emocionalidad más fría y controlada, una extensión más lineal en sus asociaciones simbólicas, en las diferencias de intensidad y saturación que ocurren en la pintura misma, en su propia tecnología especializada de cromatismos e ilusionismos. De allí, que la pintura abstracta: lírica, informal y minimal se entienda plenamente a partir de sus formas, no así de sus conceptos que vienen hoy, ya digeridos y algo insustanciales. Esto ultimo, sobre todo por una falta de contexto histórico, político e ideológico en el actual clima tardo capitalista. Recordemos que un aspecto fundamental y necesario del expresionismo abstracto se encuentra en su disposición crítica. En el ensayo “Avant-garde and kitsch” de Clement Greenberg, queda claro el interés discursivo y político por la descripción de una racionalidad instrumental y utilitaria en la naciente cultura de masas, proponiendo en la estructura cultural, una perspectiva socialista. Hoy por hoy, esos intereses de base del moderno expresionismo están bajo la tierra, o mejor dicho, están llenos de polvo, olvidados por el nuevo conservadurismo plástico, por todos lados presente.


Dos estrategias aun ambiciosas: las pinturas de Francesca Colzani y Francisco Moran.

En cierto modo, nos ubicamos hoy en una cultura plástica donde el automatismo signico en la pintura sobrevive deslegitimado, y algo desahuciado. Por el contrario, los incidentes formales son hoy más sutiles y menos agitados. Un control moral respecto de los límites intrínsecos de la pintura abstracta nos recuerda que ya no hay un proyecto moderno que descanse sobre el arte, ni menos sobre el lienzo. No obstante, el arte, su práctica, es siempre continuidad. Y algo queda hoy de esa fuerza pictórica que concito autocráticamente historia y estética. En esta presente muestra que reúne pinturas de Francesca Colzani y Francisco Moran, puede observarse una fuerte preocupación por un flotamiento de la pintura. Ambos comparten –desde sus respectivas autonomías plásticas- una productividad pictórica que tiene una cercanía a lo que tiempo atrás se definió como pintura de “campos de color”. Muchos se saben esta historia que tuvo en Mark Rothko a su principal exponente. Posteriormente, una generación post-pictórica incluiría a Morris Louis, Kenneth Noland y Jules Olitski en un intento por profundizar lo que ya había sido perforado radicalmente. Se puede decir que Rothko la hace de una. Pues bien, es necesario a veces, retomar el hilo de una genealogía distintiva y más refinada de esta abstracción cromática que tantos efectos tendrá –por ejemplo- sobre la pintura minimalista.

Es evidente que un extensivo valor simbólico en sus trabajos les posibilita exponer juntos a la manera de una comparación de referencias plásticas cercanas no del todo. En Colzani es más evidente la referencialidad plástica, paisajística y compositiva. Podríamos decir, que su pintura es auténticamente moderna; connota “ilustradamente” el estilo desde una práctica que por cierto, se transforma y se reorganiza muy cerca del canon histórico. Su pintura seria más historicista y menos autocrítica. Muestra ella, una cercanía indudable con el campo estático y menos telúrico de la pintura de Rothko. La serenidad espacial, la quietud del paisaje y la emergencia de un rigor místico la colman de objetividad estética.

Por otro lado, Francisco Moran hace del color su proceso de trabajo predominante. Lo desarrolla por medio de técnicas que implican la repetición de delgadas capas de pintura en una progresión de tonos transparentes y expandidos. Sus telas parecen a veces ejercicios inacabados, nauseabundos, implicados en una anómala telaraña de significados. La riqueza abstracta de estas pinturas radica en la profundidad de lo informe: ir hasta el fondo de un primigenio estado de cosas que descansan críticamente sobre el soporte. Moran suprime la obviedad para corregir permanentemente las manchas veladas y controladas hacia el ilusionismo. Por eso, estas pinturas denotan un “descanso sublimante”, y evidencian una crisis progresiva del ideario estructural en que ocurre lo informe. Formas ingravidas en una aleatoriedad desconcertante que suspende la dicotomía clásica entre figuración y abstracción. Curiosamente en estas pinturas, observamos un alto grado de concentración y síntesis entre lo real y lo irreal. Es una metodología que sistematiza el episodio pictórico a partir de una dialéctica de los modos perceptivos.

CONSTRUCTIVISMO FUTURO

En las pinturas de Christophe Prat encontramos una nueva sistematización del constructivismo. Digo constructivismo, pues pienso, que estas obras relatan construcciones imaginarias, utópicas, que conectan inevitablemente con nuestro inconsciente futuro. La pintura de C. P. es entonces, una abertura a un mundo posible. ¿Un espacio esencial y purista de arquitecturas elementales y necesarias?

Unificadas sus pinturas por una elegancia cromática que estandariza el paisaje, la superficie y el relato, no queda más que asumir –en ellas- la ilusión futura de una nueva técnica. Sea como fuere este futuro histórico, siempre incierto e inaprensible, podemos eso si, con la Pintura de Christophe Prat, pensar lo inédito de unas ciudades impolutas, autónomas. Una geometría futura ni tenebrista ni apocalíptica; sino más bien, la reedición de una estética mas equivalente y humana.

Claudio Herrera Chacana.



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